Pacciûgo y Pacciûga

A las figuras de Pacciûgo y Pacciûga-recordadas en dos estatuas que se encuentran en un pasillo lateral del santuario de Nuestra Señora coronada, cerca de Coronata-se une una de las leyendas más antiguas con un fondo religioso de Génova.

Estas figuras representan a dos recién casados vestidos con los trajes típicos Genoveses del siglo XVIII. Pacciugo era un marinero que vivía en via Prè y que se había casado con una mujer buena y devota. Juntos vivieron en el amor y el Acuerdo y ambos se dedicaron a la Virgen. Durante un viaje por mar, Pacciugo fue hecho prisionero por los turcos y llevado a Argelia, donde tuvo que permanecer durante doce largos años sin poder regresar a casa. La esposa no pensaba en él y todos los sábados iba al santuario de Nuestra Señora de Coronata y rezaba ardientemente para que su amado esposo regresara a casa. Pero la gente, que la veía salir todos los sábados, comenzó a pensar mal de ella y comenzó a murmurar. Un día Pacciugo logró escapar y regresó a Génova. Era sábado y su esposa había ido, como siempre, al santuario a rezar. Cuando Pacciugo llegó, no encontró a su esposa y pidió noticias de los vecinos tratando de no ser reconocido. Pero una anciana, habiéndose dado cuenta de que el hombre era Pacciûgo y habiendo sido siempre envidiosa de los dos esposos, le dijo que Pacciûga desaparecía todos los sábados con la excusa de ir al Santuario de La Coronada a rezar, pero que en verdad se encontró con un hombre. Al enterarse de esto, el marinero fue presa de fuertes celos y sin dudarlo partió hacia Coronata; a mitad de camino se encontró con su mujer, la cual, al verlo y reconocerlo inmediatamente, corrió a recibirlo abrazándole y besándole. Pacciûga, secando lágrimas de felicidad, comenzó a agradecer a la Virgen que había escuchado sus oraciones y le dijo a su esposo que el sábado siguiente ambos irían al santuario para darle las gracias. Pero Pacciugo no pudo deshacerse de la polilla de los celos y así, al día siguiente, le propuso a su esposa que hiciera un viaje en barco a Cornigliano y cuando se fueron le pidió explicaciones sobre su supuesta traición. Pacciûga, que no esperaba tal pregunta de su marido, permaneció en silencio por un momento y Pacciûgo, interpretando el silencio de su esposa como una admisión de culpa, fuera de su mente, la golpeó con un cuchillo y la arrojó al mar.

Pacciûgo entonces navegó a la orilla y bajó a Sampierdarena, pero el remordimiento por lo que había hecho lo persiguió y fue al santuario de Coronata para pedir perdón a Nuestra Señora. Grande fue la maravilla y la alegría de Pacciugo cuando, entrando en la Iglesia, vio a su buena esposa, salva, arrodillada ante el altar rezando. Entendió entonces que la Virgen había realizado ese milagro porque sabía que Pacciûga siempre le había sido fiel y así corrió a su encuentro y la abrazó con todo su amor.

Leyenda

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