Felipillo

Felipillo (Perú, ... - Chile, 1536) fue un traductor peruano empleado por los conquistadores españoles durante la conquista del Imperio Inca. Su verdadero nombre no se conoce, pero se le recuerda con lo que le dieron los españoles.

Existe un desacuerdo entre las fuentes españolas de la época sobre el lugar de nacimiento de Felipillo. Según algunos era nativo de Tumbez y según otros nació en la región de Poechos, entonces de Etnia Tallan, pero una versión aislada lo quiere nativo de la isla de Puna. Los jóvenes indígenas, a la edad de unos quince años, se unieron a las filas de Francisco Pizarro con motivo del descubrimiento de Tumbez y siguieron a su nuevo Señor a Panamá y más tarde a España. Así tuvo la oportunidad de aprender castellano, aunque superficialmente y obtuvo la calificación de intérprete con motivo de la siguiente expedición que determinaría la conquista del Imperio Inca. Si se podía decir que su conocimiento de la lengua española era imperfecto, su dominio del vocabulario quechua, que no era su idioma original, era igual de aproximado. En el Imperio Inca, el quechua era, de hecho, el idioma oficial, pero su difusión no implicaba un dominio absoluto de su uso y a menudo se limitaba a un uso convencional y bastante simplificado. Añádase a esto la existencia de numerosos dialectos en los que difería, dependiendo de la ubicación geográfica, y tendrá una imagen concreta de las dificultades en las que el intérprete oficial de los españoles habría debatido.

Sin embargo, Felipillo fue elegido para traducir la ambascerie enviada por el Inca Atahuallpa e incluso para asistir a Vicente de Valverde durante su famosa entrevista con el gobernante peruano. En verdad, un cronista aislado afirma que el intérprete, en esa ocasión, era otro, llamado Martinillo, pero la mayoría de los cronistas presentes en el evento coinciden en identificar en Felipillo al traductor del fraile dominico. Teniendo en cuenta la elaborada dialéctica de Valverde y sus complicadas referencias teológicas, es lógico dudar de la comprensión del gobernante Inca de tales conceptos, a la luz de la traducción aproximada de los jóvenes indígenas. Durante el cautiverio de Atahuallpa, Felipillo obviamente se distinguió en el ejercicio de sus funciones y actuó como conducto durante los interrogatorios del gobernante cautivo por los conquistadores. Una leyenda tardía lo quiere enamorado de una de las novias de Atahuallpa y lo identifica como responsable de su ejecución gracias a traducciones deliberadamente incorrectas, pero esta circunstancia no aparece en Las Crónicas de la época.

Después de la muerte del Inca, Felipillo fue destinado a acompañar al adelantado Diego de Almagro en su expedición a los territorios de Quito y la circunstancia le permitió desplegar su verdadera naturaleza. Almagro se encontró con Pedro de Alvarado, el ambicioso conquistador que, a las órdenes de Hernán Cortés, había colaborado en la conquista de México y que ahora estaba tratando de forjar un gobierno autónomo en el Perú. El enfrentamiento parecía inminente y Felipillo, abandonó a su comandante para alinearse con las órdenes de su antagonista. En la ocasión convenció a un líder local para que lo siguiera con todos sus hombres y, según el historiador de la época, Agustín de Zárate, acordó con sus compatriotas que permanecían con Almagro que estarían dispuestos a cambiar de campo a su entera disposición. Con su información sobre las pequeñas fuerzas del adelantado trató de alentar a los españoles a un enfrentamiento fratricida, pero la disidencia entre los dos ejércitos terminó componiéndose y el joven indígena se vio acusado de traición. Almagro lo quería muerto, pero gracias a la intercesión de Alvarado, Felipillo logró salvarse. Sin embargo, la misma buena fortuna no fue para el "curaca" que lo había seguido que fue quemado vivo como advertencia a posibles traidores.

Posteriormente Felipillo logró restablecer sus relaciones con el adelantado, que aunque había traicionado, y cuando éste se fue a las Tierras australes del Imperio, para conquistar el territorio llamado Chile, consiguió seguirlo con la calificación de intérprete oficial de la empresa. La expedición pasó por todo tipo de tribulaciones y fue segada por la escasez de alimentos y la hostilidad de las tribus locales. La resistencia se hizo más viva cuando los españoles, ahora desanimados, decidieron tomar el camino de regreso. Las campañas fueron desprovistas de alimentos y los nativos de servicio huyeron dejando a los soldados ibéricos sin guía y sin auxiliares para el transporte de equipaje. El Sumo Sacerdote Villac Umu que los había acompañado, por orden de Manco II, El nuevo Inca Supremo, tomó la fuga dejando a las tropas desconcertadas y, finalmente, también Felipillo desapareció repentinamente. Almagro, que ya albergaba sospechas, envió un destacamento en persecución y Felipillo fue capturado mientras intentaba imprudentemente cruzar un campo de nieve abierto. Sometido a tortura confesó que siempre había actuado por la ruina de los españoles y confirmó que todas las tribulaciones que habían tenido que soportar se debían a sus instigaciones. Esta vez no hubo Alvarado para salvarlo y el joven intérprete fue ejecutado inmediatamente. Su cuerpo, como corresponde a los traidores, fue descuartizado y cada una de las partes en las que estaba dividido fue colgado en diferentes caminos a la advertencia de los nativos rebeldes.

En los años posteriores a la conquista, se desarrolló una leyenda sobre Felipillo, quien se convirtió en el traidor por excelencia, según la cual toda la responsabilidad por el asesinato de Atahuallpa recaía sobre él. El joven intérprete, según esta versión, falsificaba hábilmente las respuestas del gobernante cautivo, durante los interrogatorios, provocando deliberadamente su fin. La razón de su gesto sería atribuirla a una pasión insana que contrataría por una novia del monarca y por el temor de una posible venganza de éstos, si hubiera recuperado su libertad y su poder ilimitado. Los historiadores Peruanos modernos, en primer lugar Guillén Guillén, sin embargo, han desmantelado lo que llaman una verdadera falsificación histórica. Las razones que han aducido consisten en primer lugar en la presencia de al menos otros tres intérpretes durante el cautiverio del Inca, autónomos y adversos, al menos en el caso de Martinillo, en Filipillo y bien capaces de desenmascarar una posible traducción infiel de la misma. De hecho, parece que la historia de la presunta traición del joven intérprete no fue detectada por los reporteros presentes en Cajamarca, sino que han comenzado a circular en la Colonia, y solo más tarde, cuando el asesinato del Inca se avergonzó, sus ejecutores se vieron obligados a defenderse de las acusaciones de injusticia implementadas por la corona. Felipillo, en este contexto, se convertiría en un chivo expiatorio útil sobre el que cumplir toda responsabilidad. Cabe señalar que el atento historiador contemporáneo Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, a quien debemos el relato detallado de la muerte del intérprete, recogió sus confesiones sobre las traiciones perpetradas en Chile, pero no hizo la más mínima mención de los crímenes infames cometidos en Cajamarca. Diferente es el caso de la probada traición hacia Almagro, en el campo de Quito. Felipillo, en estas coyunturas manifiesta toda su hostilidad hacia los españoles a quienes considera invasores de su patria. El joven indígena era de nacionalidad Tallan y como tal vinculado a la facción de Huáscar y por lo tanto es bastante natural que mostrara aversión a Atahuallpa a quien consideraba un tirano. Sin embargo, cuando la desaparición del gobernante puso a los españoles y al Inca por delante, la naturaleza de Felipillo lo empujó a abrazar incondicionalmente la causa de sus compatriotas. Aprovechando su posición trató de traer tanto daño como fuera posible a los conquistadores y acarició el diseño de empujarlos a luchar entre ellos para que pudieran tener más fácilmente razón sobre los sobrevivientes. Desenmascarado su proyecto reanudó para disfrazar sus verdaderos sentimientos en previsión de otra oportunidad. Esto ocurrió durante la campaña de Chile y Felipillo llevó a cabo todas las acciones posibles para llevar a la Perdición al importante ejército de Almagro. Como ya Villac Umu, Felipillo también sabía evidentemente que Manco estaba preparando la rebelión y mientras operaba contra los españoles estaba, con toda probabilidad, convencido de que su nuevo Señor ya había tenido razón sobre los contingentes que quedaban en Cuzco. Por estas razones, los historiadores Peruanos modernos, ansiosos por remodelar la historia de la conquista a la luz del punto de vista de los Incas, insisten en considerar a Felipillo un patriota caído en defensa de su nación y no ya el indígena iberizado y traidor que los antiguos historiadores españoles intentaron pintar.

Crónicas de testigos oculares escritores españoles de la época obras modernas

Traductores peruanos

Murió en 1536

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