Batalla del Río Salado

La Batalla de Río Salado también se conoce como la Batalla de Tarifa, ya que tuvo lugar cerca de Tarifa, una ciudad que fue sitiada por la coalición musulmana, Merinidi - nazarí y se libró, en el arroyo del Salado, entre las tropas sitiadoras y una coalición Cristiana de tropas castellano - portuguesas, con la ayuda de un contingente Aragonés asistido por la flota aragonesa. La Coalición Cristiana devolvió una abrumadora Victoria poniendo fin al sueño del Sultán del Magreb al - Aqsa de poder reiniciar la conquista de la Península Ibérica.

Los Merínidos, la dinastía gobernante en la Mezquita del Magreb Al - Aqsa, que ya en el siglo XIII, comenzaron a ayudar al Sultanato de Granada, para luchar contra los diversos reinos cristianos, alrededor de 1330, bajo el mando del Sultán, Abū l - Ḥasan b. ʿUthmān, emprendió una invasión de la Península Ibérica, y, en 1333, fue capaz de ocupar Gibraltar, que, a partir de 1309, formaba parte del Reino de Castilla. En los años siguientes, bajo el liderazgo del Emir Abd Al-Malik Abd Al-Wahid, hijo del Sultán de Marruecos, Abu l-Ḥasan b .ututhmān, su trabajo de expansión continuó lentamente hacia el norte. Sin embargo, en 1339, ʿAbd Al - Malik fue asesinado en la batalla luchando contra las tropas Castellanas, y el Sultán, para vengar la muerte de su hijo, decidió acelerar la conquista de la península. Con la ayuda del Sultán de Túnez, de la dinastía hafside, preparó una imponente flota para cruzar el Estrecho de Gibraltar y, a su vez, el rey de Castilla, Alfonso XI, creó una flota para contrarrestar la invasión. En la Batalla naval que siguió, la flota cristiana sufrió una derrota abrasadora (solo unos pocos barcos Castellanos evadieron la captura o destrucción). Así las tropas marroquíes pudieron desembarcar en la Bahía de Algeciras y con la ayuda de las tropas del Sultanato de Granada, en septiembre de 1340, sitiaron la ciudad de Tarifa, con un ejército estimado en 60. 000 y 80. 000 hombres.

El rey de Castilla, Alfonso XI, tras haber pactado una alianza con el rey de Portugal, Alfonso IV, y haber obtenido el apoyo de la flota aragonesa, organizó la expedición para liberar Tarifa del asedio. El ejército cristiano, fuerte alrededor de 13. 000 Caballeros y 12. 000 soldados de a pie, llegaron a Valdevaqueros el 29 de octubre de 1340, alrededor del mediodía, y acamparon para pasar la noche. Como era inferior en número y en una posición desfavorable, Alfonso XI decidió reforzar la guarnición de Tarifa, con 1. 000 Caballeros y 4. 000 soldados de infantería, para atacar a los musulmanes incluso por detrás. El ejército cristiano, en la mañana del 30 de octubre, se preparó y partió, llegando al Río Salado, a media mañana, y, tan pronto como entró en contacto con el enemigo, comenzó el ataque en dos direcciones: un contingente de aproximadamente 4. 000 Caballeros (de los cuales 1. 000 Portugués), bajo el mando de Alfonso IV, operaba por la izquierda que se enfrentaría a las tropas de Granada, comandadas por Yusuf I, y por la otra más sustancial (el centro y el ala derecha, que constaba de unos 8. 000 Caballeros y otros tantos soldados de infantería, una parte de los cuales permaneció en reserva) bajo el mando de Alfonso XI. después del ataque Cristiano había comenzado, la guarnición de Tarifa y los 5 salieron de la ciudad sitiada. 000 hombres, que habían llegado a la ciudad la noche anterior, tomando por sorpresa a las fuerzas musulmanas, que después de cierta resistencia comenzaron a derivar. En este punto, la infantería Cristiana de reserva se encajó en el lado opuesto, dividiéndola en dos partes. La confusión en el campo musulmán fue tan grande que las tropas comenzaron a huir para llegar a Algesiras y así ponerse a salvo. Después de unas horas la batalla terminó y los cristianos hicieron un número considerable de muertes, tanto es así que la localidad, donde tuvo lugar la batalla se llamó Matamoros y como el botín era igualmente grande, la localidad también tomó el segundo nombre de Cerro del Tesoro. Las tropas magrebíes y el propio sultán, Abu l-Ḥasan b .uuthmān, que apenas había escapado, regresaron a Algeciras, desde donde volvieron a abordar para regresar a su patria. Cabe destacar el hecho de que los árabes utilizaron por primera vez algunas armas. Su uso, aunque no solucionable, impresionó a dos observadores ingleses, los condes de Derby y Salisbury, quienes, al regresar a su tierra natal, promovieron el uso de esta nueva arma.

Al año siguiente El Sultán preparó otra expedición naval para invadir la Península Ibérica; pero esta vez Alfonso XI además de preparar su propia flota fue ayudado por todas las flotas cristianas, especialmente las de Pisa y Génova, por lo que se enfrentó a la flota musulmana, reportando una victoria decisiva. Esta derrota y la del año anterior en el Río Salado, determinó el fin de las ambiciones de los Merínidos Marroquíes en la Península Ibérica. Fuerte de estos últimos éxitos, Alfonso XI, siempre con la ayuda de Caballeros de todos los reinos de Europa, sitió Algeciras, y después de unos dos años de asedio, en 1344, logró conquistar la ciudad portuaria que tenía un gran valor estratégico. Alfonso XI finalmente trató de recuperar Gibraltar, a la que sitió y donde, en 1350, murió de peste.

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