Aneurisma cerebral

Un aneurisma cerebral es una malformación vascular de las arterias cerebrales, saculares o fusiformes en apariencia. El aneurisma sacciforme típicamente consiste en una porción estrecha llamada collar, que conecta el vaso original a una cúpula. Se caracterizan por una apariencia pequeña y redonda. La incidencia exacta de tal patología es desconocida; a partir de estudios de autopsia, la incidencia se estima en alrededor del 5%. Hoy en día es comúnmente aceptado que los aneurismas son lesiones adquiridas, relacionadas con un proceso degenerativo que involucra el tejido conectivo de la pared del vaso, en el que la aterosclerosis probablemente juega un papel muy importante junto con otros factores (tabaquismo, hipertensión, diabetes). Hay otras condiciones patológicas menos comunes en las que pueden ocurrir aneurismas cerebrales; entre ellas se encuentran algunas enfermedades sistémicas del tejido conectivo, como la displasia fibromuscular, el síndrome de Ehlers - Danlos, el síndrome de Marfan, la Neurofibromatosis, el riñón poliquístico y la coartación aórtica.

El sitio de un aneurisma cerebral es más comúnmente en correspondencia con la bifurcación o variantes anatómicas anormales en el curso de los vasos arteriales a nivel macropatológico se distinguen tres variantes morfológicamente distintas:

La frecuencia de encontrar sangrado por aneurisma cerebral en una población sana es de aproximadamente 5 casos nuevos por año por cada 100. 000 habitantes. Todas las edades pueden verse afectadas con una prevalencia del período entre treinta y sesenta años de vida. Después de un primer episodio hemorrágico, las posibilidades de nuevo sangrado aumentan. Los aneurismas sacciformes son relativamente frecuentes: 2-6% de los individuos son portadores de ellos.

Varios factores entran en juego en este tipo de patología: predisposición genética, tabaquismo, hipertensión, dislipidemia, diabetes, enfermedades del tejido conectivo.

En el 90% de los casos, el aneurisma se presenta con una hemorragia subaracnoidea, que se caracteriza por una diseminación de sangre en el espacio subaracnoideo de entidad variable: síntomas y signos relacionados pueden ser, tipo de dolor de cabeza severo, punzante, vómitos, pérdida de conciencia, neuropatía o parálisis, oculomotor, en particular, en el caso de aneurismas de la arteria basilar, la arteria cerebral media posterior y un estiramiento intracavernoso del carótida Los aneurismas intracraneales son más frecuentes en pacientes en edad adulta, con predominio entre las mujeres. Síntomas visuales por compresión del quiasma y / o del nervio óptico, y a veces hidrocefalia, por o por diseminación de hemorragia, o compresión del tercer ventrículo, este último presente en aneurismas grandes que involucran la arteria, comunicación anterior (AcomA), y en las lesiones del tracto carótido - oftálmico. Los síntomas como resultado de la compresión cerebral pueden ocurrir en aneurismas grandes de la arteria basilar y la arteria cerebral media (MCA). En el 10% restante de los casos, durante las pruebas diagnósticas (IRM, TC) se realiza por otras razones, se trata de un diagnóstico de aneurisma cerebral (los llamados aneurismas no se rompe o frío); en este caso, dependiendo del tamaño de la Bolsa, su forma, su ubicación, a una variedad de factores de riesgo, el neurocirujano o el neurorradiólogo intervencionista sugerirá si la intervención o no.

El primer examen a realizar en caso de sangrado de un aneurisma cerebral es una tomografía computarizada (TC), procedimiento no invasivo que ha hecho inútil la punción lumbar como se practicaba anteriormente, y, con las reconstrucciones tridimensionales actualmente posibles, nos permite abordar tanto los problemas de emergencia (la cantidad de hemorragia, presencia de edema cerebral, hidrocefalia), es una demostración detallada del aneurisma, relaciones tridimensionales con el parénquima cerebral y con los vasos arteriales satélite al aneurisma, elementos esenciales para una adecuada planificación terapéutica La angiografía de los vasos cerebrales es el examen tradicionalmente utilizado en el diagnóstico detallado de los aneurismas cerebrales: es un examen invasivo ya que se practica con un catéter intravasal introducido desde la arteria femoral retrógrada a lo largo de la aorta hasta los vasos de interés (arterias carótidas y vertebrales). Desde el interior de uno de estos, se inyecta medio de contraste de yodo, que permite la visualización de los vasos solos, estudiando sus características.

En las primeras horas de la recepción en la sala de emergencias, según la estadificación clínica (grados I-IV según Hunt y Hess), que radiológica (TC) tomografía axial computarizada, y, posiblemente, angiográfica, se procede en prioridad al tratamiento de las consecuencias de la hemorragia subaracnoidea, sus complicaciones y aneurisma. Una vez asegurada la capacidad vegetativa (funciones cardiaca y respiratoria) del paciente, y evaluada la necesidad de drenaje ventricular externo, en el caso de hidrocefalia aguda, se envía al paciente a tratamiento. La cirugía de los aneurismas cerebrales requiere una cuidadosa evaluación multifactorial, que solo en centros de gran experiencia, dotados de todos los recursos tecnológicos y de las posibles alternativas terapéuticas, se puede llevar a cabo manteniendo los riesgos dentro de límites aceptables. En resumen, el paciente con aneurisma cerebral debe poder ser tratado alternativamente por el neurocirujano o el neurorradiólogo intervencionista. Los factores a ser evaluados para el propósito del tratamiento son la condición clínica de la paciente (HH escala), el tiempo transcurrido desde la ruptura del aneurisma, la conformación anatómica del aneurisma, la presencia de complicaciones (intraparenquimatosa hematoma, edema cerebral, vasoespasmo, hidrocefalia). De estos, la presencia de hematoma cerebral con efecto de masa, la localización anatómica y la conformación del propio aneurisma se encuentran entre los factores más relevantes en la elección del tratamiento. El tratamiento del aneurisma cerebral puede pasar por dos modos:.

Las posibles complicaciones en este tipo de patología, son básicamente atribuibles a dos: las complicaciones menos frecuentes son las crisis epilépticas, que pueden ser parciales o generalizadas.

A estas definiciones aparentemente fáciles corresponde en realidad un profundo conocimiento anatómico "in vivo" de los espacios subaracnoideos, de la patología vascular cerebral, del curso de todos los vasos cerebrales y posibles variantes, de una habilidad de disección microanatómica y de un excelente manual quirúrgico y, por último pero no menos importante, de una preparación psicológica para un trabajo - anestesiológico, gran capacidad para predecir y enfrentar situaciones con alta tensión emocional con suficiente calma El tratamiento de los aneurismas cerebrales requiere una cuidadosa evaluación multifactorial, que solo puede llevarse a cabo en centros de gran experiencia, equipados con todos los recursos tecnológicos (TC multicapa, RM, angiografía, cuidados intensivos) y posibles alternativas terapéuticas (abordaje endovascular, abordaje quirúrgico). El paciente con aneurisma cerebral debe poder ser evaluado y posiblemente tratado alternativamente por el neurocirujano vascular o el neurorradiólogo intervencionista, expertos en este tipo de patología.

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